Lo que está y no se usa nos fulminará

Relatos

Título: Lo que está y no se usa nos fulminará | Editorial: Literatura Random House | ISBN: 9788439734000 | PVP: 17,90 euros | Páginas: 172 | Publicación: enero de 2018 | País: España      

Reseñas

 

Dos escritores se ponen de acuerdo para escribir la «autobiografía» del otro y una lectora se obsesiona con ambos o solo con uno de ellos. Un hombre redacta mentalmente su perfil de Tinder mientras una niña le habla de la muerte y los horribles secretos que se cuentan las cosas. El «gran poeta chileno» destroza una habitación de hotel en Alemania y ofrece a su interlocutor una lección de vida. Un escritor llamado «Patricio Pron» contrata a un puñado de actores para que «hagan de Patricio Pron», con los resultados catastróficos que eran de esperar.

Los personajes de Lo que está y no se usa nos fulminará tienen un vislumbre de lo que una vida mejor podría ser, y su intensidad los encandila. Vulnerables, perplejos, ridículos, sabios, todos vuelven una y otra vez sobre las posibilidades intuidas en esa visión, convencidos de que si no las aprovechan estarán perdidos: lo que encuentran al hacerlo es el azar, las vidas de los escritores como espejos deformantes, la ocasión de hacer de su vida una obra de arte, la necesidad de desaparecer, de dejarlo todo atrás para ser uno con la literatura.

Patricio Pron regresa al relato breve para dar otra lección de sobriedad, ironía, originalidad y elegancia. Lo que está y no se usa nos fulminará hace lo que todo libro debería hacer (pero casi nunca logra): llevarte a un lugar del que desearías no tener que regresar nunca.

 

La crítica ha dicho

“Sabiduría compositiva, sentido del pathos en la distancia corta y, sobre todo, la proverbial mirada irónica e inteligente del autor. Un gozo que dura un par de tardes y luego se queda dentro.”

Manuel Rodríguez Rivero, Babelia (España)

“Estamos frente al Sgt. Pepper’s o el Highway 61 Revisited de Patricio Pron. Un gran momento de cambio.”

Ángeles López, La Razón (España)

“Si usted es ya lector de Pron encontrará en Lo que está y no se usa nos fulminará todo el universo, el estilo, y las obsesiones del escritor rosarino, y si no lo es, este libro es una excelente puerta para adentrarse en él. […] Con el referente de su compatriota Ricardo Piglia, a quien considera su principal maestro, Patricio Pron es una voz muy particular y que no puede obviarse en la actual literatura en español.”

Luisa Sánchez, El Imparcial (España)

“No todo está perdido. Para los que se aburren con la bibliografía de la redundancia, para los maltratados por la literatura de la obviedad o los que ya no pueden tragar el torrezno de la auto ficción, siempre quedarán los libros de Patricio Pron.”

Karina Sainz Borgo, Zenda (España)

“Un libro luminoso y oscuro a la vez, lleno de un humor sutil que hacia el final (y algunos ratos) se derrama en carcajada.”

Sergio del Molino, Revista Eñe (España)

“Estos doce cuentos, veladamente tragicómicos, tocados por un extraño lirismo que brota no exactamente de donde se espera y por ello con más fuerza aún, son, sobre todo, hermosos y conmovedores.”

Francisco Camero, El Diario de Sevilla (España)

“El adjetivo ‘original’ podría ser excesivo cuando se trata de un género en el que no parece posible innovar. Pero Patricio Pron es muy original. […] En estos cuentos, humor reflexivo e inteligencia se unen a una imaginación muy creativa.”

José María Pozuelo Yvancos, ABC Cultural (España)

Lo que está y no se usa nos fulminará es un libro de relatos magnífico. Es hermoso y no miente.”

Nadal Suau, El Cultural (España)

“Un puñado de cuentos que nos reconcilian, si no con el mundo, con la literatura.”

Mercè Pérez, 2 llibres x 7mana (España)

“Haceos tres favores. Uno: leed Lo que está y no se usa nos fulminará. Segundo: leed lo demás de Pron. Tercero: releedlo todo. Todo y lo que vendrá.”

Joanjo Garcia, 2 llibres x 7mana (España)

“Podría parecer que estos relatos no nos conducen a ninguna parte. (Aunque quién dijo que la ficción nos tiene que llevar siempre a algún lugar). No nos llevan a ninguna parte que podamos imaginar o desear, es verdad, pero nos llevan a la literatura. O, con extrema inteligencia estética, nos la devuelven.”

Ernesto Ayala Dip, Babelia (España)

“Patricio Pron es uno de los grandes hacedores de relatos con que cuenta actualmente la literatura escrita en español.”

Juan Ángel Juristo, Cultura/s (España)

“Todas sus historias provocan reacciones de encantamiento, de perplejidad, la sensación de que nos convierte en una parte de su manera de contarnos como literatura.”

Guillermo Busutil, La Opinión de Málaga (España)

“La principal virtud de Patricio Pron como cuentista es su versatilidad, el rango de opciones que maneja con las formas breves. Su nuevo libro, Lo que está y no se usa nos fulminará, lo confirma: doce cuentos que son doce maneras diferentes de abordar el género, de mostrar su plasticidad. […] Pron ha escrito un gran libro.”

Edmundo Paz Soldán, La Tercera (Chile)

“Pareciera que Pron escribe en trance, entregado al surtidor de la imaginación y al remix de lo leído, montado en la maquinaria del relato o la ola de la frase. Ha escrito quizás su mejor libro y uno de los más desbordantes de la narrativa en español contemporánea.”

Graciela Speranza, Télam (Argentina)

“Pron posee gran habilidad para experimentar con la articulación formal de sus relatos y las voces narrativas. Por eso ironiza al confesar que todos estos textos podrían catalogarse bajo el epígrafe ‘la clase de cosas que en un taller de escritura te dirían que no debes escribir’”.

Ramiro Rivas, La Panera (Chile)

“En pocas palabras, un libro que nunca dejará de sorprender al lector.”

Felipe González Gómez, El Tiempo (Colombia)

“Patricio Pron es uno de esos nombres absolutamente obligatorios en la literatura argentina contemporánea, pero que sigue pareciendo un nombre de culto. Faltan aún investigaciones nutridas sobre lo que está haciendo, esa operación sobre la literatura argentina que vuelve sobre Piglia, sobre Borges, pero con un tono que por momentos nos recuerda a Rodrigo Fresán, y por otros, al desdén con el que miraba la tradición el propio Fogwill.”

Fernando Bogado, Página 12 (Argentina)

“Puesto a experimentar con su biblioteca, Pron corta, copia, mezcla, imagina, ensaya, tantea; el resultado es una colección de cuentos impresionante. […] Su forma, trabajada y puesta en tensión contra la más o menos estereotipada forma del cuento, exhibe un hervidero de habilidades.”

Gerardo Tipitto, Otra Parte (Argentina)

 

 

Algunas páginas

 

Salon des Refusés

La condena de Valéry a la novela es un rechazo del vértigo de los posibles narrativos que se abren ante cada situación y ante cada frase. […] La novela es un arte combinatorio. Narrar es tomar decisiones.

Ricardo Piglia

1

A lo largo de ese mes también muere el escritor que ella más admira; no es el mejor de su país, ni el más popular, ni aquel que ha obtenido la mayoría de los galardones que se otorgan en él, pero sí el que a ella más le gusta, el más afín a su sensibilidad, o mejor, a su idea de lo que la literatura puede y, eventualmente, debe ser, o al menos de lo que la literatura debe ser para gustarle a ella; es decir, para gustarle tanto como la obra del escritor que ella más admira y que —como hemos dicho— muere, también, a lo largo de ese mes.

No: el escritor ha muerto hace algunos años; es decir, ha pasado tiempo ya desde su muerte y un día ella compra una autobiografía que el escritor ha dejado incompleta al morir, o, mejor todavía, que ha dejado completa antes de morir, lista para ser enviada a imprenta. Quizás la ha completado poco antes de su deceso y ha correspondido a su viuda —si la tiene— la tarea de pasarla en limpio y corregir los pequeños errores que un sujeto agonizante puede cometer en lo que escribe, si lo hace. No, mejor: la mujer del escritor ha muerto hace algunos años, antes que el escritor, y éste no ha designado albacea: la publicación de su autobiografía se ha hecho sin que se requiriese el consentimiento de nadie, o sin que éste pudiera ser obtenido, en nombre del interés público por la obra, es decir, por su comercialidad, que tal vez también haya sido tenida en cuenta por el escritor a la hora de destinar a su autobiografía el lugar que le ha otorgado en la sucesión de sus libros, y no otro, el de aquello que concluye y cierra lo que podríamos llamar una obra. No, el escritor jamás ha tenido en cuenta tales cuestiones, y sencillamente ha escrito su autobiografía sabiendo que iba a ser su último libro. (No, no sabiéndolo en absoluto, aunque quizás sospechándolo.)

Nuestra joven lee la autobiografía en el transcurso de dos o tres noches. (No, mejor, de cuatro noches: es una obra extensa, como corresponde al resumen de una vida, incluso al resumen indulgente y parcial de una que puede hacer quien, comprensiblemente, en vez de documentar su vida, la ha vivido.) Nuestra joven tiene la impresión de que la autobiografía constituye una suerte de anticlímax en relación al resto de su obra que la lleva perder interés en todos los otros libros del escritor que —obsérvese el tiempo verbal— alguna vez admiró, unos libros que alguna vez consideró extraordinarios y, descubre ahora, salieron, sin embargo, de un fondo informe de hechos pueriles. Al igual que muchos lectores, ella cree que lo extraordinario sólo puede surgir de lo extraordinario, y que las circunstancias banales de la vida de un escritor convierten a su literatura en banal: cuando termina la lectura, nuestra joven reúne todos los libros del escritor muerto y se desprende de ellos.

(No, ella no puede creer eso: de hecho, ha comprado y leído la autobiografía del autor, lo que significa que, en términos generales, tiene interés en la vida de los escritores. Quizás es la primera autobiografía de uno que lee, y por esa razón es que descubre en ella que los escritores tienen vidas pueriles. No, mejor: ella ha leído ya otras biografías de escritores, y también autobiografías: es una lectora, es decir, es alguien que ha pasado ya por todo esto antes; pero, igualmente, la lectura de la autobiografía del escritor que más admiraba —el pretérito es deliberado, por supuesto— la decepciona, no debido a la calidad del texto sino por el talante de su protagonista, y se desprende en cuanto puede de todos los libros del autor que tenía en su casa.)

No, no, la historia no puede ser esta ni terminar de esta forma; mejor digamos que no se desprende de todos los libros que tiene del escritor que más admira; su interés en él, de hecho, aumenta cuando, en su autobiografía, lee a éste confesando un crimen cometido en la juventud. El crimen es terrible y su confesión es innecesaria porque, como el propio autor admite, el delito fue atribuido con su complicidad a otra persona, que fue condenada y murió en la cárcel. [Sigue leyendo]

 

 

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