No derrames tus lágrimas por nadie que viva en estas calles

Novela

Ficha técnica

Título: No derrames tus lágrimas por nadie que viva en estas calles | Editorial: Literatura Random House| ISBN: 9788439731580 | PVP: 20,90 euros | Páginas: 348 | Publicación: febrero de 2016 | País: España

 

La exhibición de originales 

   

La música del libro

parte I   parte II   parte III

 

La crítica ha dicho

El Congreso de Escritores Fascistas Europeos iba a celebrarse durante tres días del mes de abril de 1945 en el norte de Italia, pero sólo duró uno. Treinta años más tarde, los asistentes que siguen con vida se ven obligados a recordar. ¿Por qué el Congreso terminó tan precipitadamente? ¿Quién fue el escritor Luca Borrello y en qué creía? ¿De qué forma su vida está relacionada con la de un partisano? ¿Qué vínculo hay entre este último y el hombre que interroga a los asistentes al Congreso? ¿Dónde está la obra perdida de Borrello y en qué se vincula con la decisión que alguien debe tomar en 2014, en medio de las revueltas de Milán contra la reforma laboral, acerca de la legitimidad de la violencia?

No derrames tus lágrimas por nadie que viva en estas calles habla de cómo, a mediados del siglo XX, el arte se convirtió en política y la política en crimen. Patricio Pron profundiza en la Historia, la culpa y lo que nos une a nuestros predecesores para indagar sobre el significado de la literatura y de cómo ésta puede cambiarlo todo, incluso nuestra percepción de lo que es justo. Más que una novela, lo que Pron nos propone es un juego, pero es un juego importante, como lo son todos aquellos en los que nuestra vida y la de las personas que amamos dependen de jugarlos correctamente.

 

La crítica ha dicho

“En No derrames tus lágrimas por nadie que viva en estas calles (Random House, 2016), Patricio Pron (Rosario, 1975) interpela a un siglo próximo en violencias acerca de las razones para matarse por una idea. La novela del escritor argentino afincado en España engasta política, arte y violencia en el que probablemente es su más ambicioso trabajo hasta el momento. Y la mecha de la acción la enciende uno de los movimientos estéticos más apasionantes y peligrosos, padre de vanguardias, amado tanto por la extrema derecha como por la extrema izquierda: el futurismo.”

Daniel Arjona, El Confidencial (España)

“Prosa de período extenso, exhaustiva a ratos, resuelta de pronto en una ironía de precisión magnífica y festiva, la escritura de Pron tiene la rara virtud de exhibir inteligencia narrativa y ensayística, sin que desfallezca ninguno de los dos aspectos. […] No derrames tus lágrimas por nadie que viva en estas calles es un festín.”

J.M. Nadal Suau, El Cultural (España)

“Una espléndida novela escrita, además, con un estilo literario que contraviene tiempos de pereza.”

Israel Paredes, El Plural (España)

“Una novela contada a través de las vidas ridículas o fantásticas de un puñado de escritores que pusieron sus plumas al servicio de las utopías totalitarias y pagaron un elevado precio por ello.”

José Martínez Ros, Notodo.com (España)

“Cada día más puntuales, y en mayor volumen, llegan a las manos de los lectores libros malos; también sosos y pretenciosos; libros a los que ni siquiera deberíamos llamar libros. Por eso, cuando llega uno escrito con belleza y sustancia, el lector siente la gratitud de los olvidados y los huérfanos. No derrames tus lágrimas por nadie que viva en estas calles es un enorme refugio para aquellos que se aburren confinados en la bibliografía de la redundancia y la obviedad. Lo nuevo de Pron es un libro que se mete en problemas, que no evita los lugares ásperos y complejos de la literatura ni se esconde bajo las faldas de la novela indignada o la autoficción inofensiva. Patricio Pron no quiere ser Chirbes. Tampoco Vila-Matas. No quiere ser nadie: consigo mismo se basta.”

Karina Sainz Borgo, Vozpópuli (España)

“‘¿No nos pasamos la vida fabricando libros como los boticarios fabrican recetas, limitándonos a echar cosas de una vasija en otra?’, se cuestiona uno de los personajes de la obra, pero Pron presenta aquí un texto alejado de la fórmula: valiente, lleno de profundidad y no exento de humor pese a su capacidad de generar preguntas en los lectores.”

Braulio Ortiz, Diario de Sevilla (España)

“La fascinación que produce esta narración reside en la forma en que el autor enrevesa la trama hasta formar con ella un laberinto de formulaciones morales.”

Juan Ángel Juristo. Cultura/s, La Vanguardia (España)

“Es muy probable que no guste esta novela al lector ramplón, aniñado, deseoso de entretenimiento. Para el amante de la literatura, los límites de la ficción, la inteligencia, la superación de pruebas (incluidos los momentos de lenta progresión), No derrames […] guarda numerosas y muy bien calculadas recompensas. Patricio Pron arriesga, y en ello ya obtiene un triunfo.”

Antonio Rivero Taravillo, Estado Crítico (España)

“La novela de Pron ejemplifica, con una prosa densa y llena de matices, las servidumbres de algunos escritores al fascismo, al tiempo que explora las posibilidades de ser un disidente y muestra las resonancias entre el pasado y la actualidad, preguntándose, entre otras cuestiones, sobre la legitimidad de la violencia.”

Jordi Nopca, Ara (España)

“Pron incendia la república de las letras y reflexiona con una lucidez poco corriente sobre cómo debemos dialogar con determinados textos, se pregunta por cómo leer o a quién pertenece la literatura: ¿al que produce el texto o al que lo lee?”

Ricardo Baixeras, El Periódico (España)

“Pron ha escrito una novela política, que habla en apariencia del pasado para hablar del presente. Un autor en su plenitud, dominando su oficio y levantando con un esfuerzo descomunal (pero también con la facilidad y la alegría que da ser dueño y consciente del propio talento) una obra redonda.”

Sergio del Molino, Revista Eñe (España)

“Una novela distinta que exigirá al lector toda su noción de juego y sus propias preocupaciones por el arte. Esa es la libertad que inspira la escritura de la novela, tomando prestadas las palabras del escritor Fernando Aramburu sobre Pron: ‘Ser distinto equivale a ser libre’.”

Camilo Hoyos, Revista Arcadia (Colombia)

“Patricio Pron, otra vez en pos de los confusos pasos del siglo XX, ha conseguido en estas páginas el más intenso y complejo de sus libros: sin duda, una de las grandes novelas de los últimos años.”

José-Carlos Mainer, Babelia/El País (España)

“Un paso hacia delante en la carrera literaria de Patricio Pron.”

Enrique Martín, Pompas de Papel (España)

No derrames tus lágrimas por nadie que viva en estas calles es una novela de las que definen conquistas decisivas en el doble terreno estético y reflexivo, también en el histórico. Cuando se leen novelas de esta calidad, piensa el crítico que por fortuna todavía se escriben libros así. Compensan tanta superficialidad del discurso público y tanta repetición del literario.”

José María Pozuelo Yvancos, ABC Cultural (España)

“En la estela de autores como Enrique Vila-Matas, César Aira o Alan Pauls, el escritor argentino Patricio Pron consigue redoblar todas las apuestas literarias que lo preceden […]. Si con sus anteriores trabajos, Pron había demostrado con creces la grandeza de su proyecto literario y sus dotes como narrador, con No derrames tus lágrimas por nadie que viva en estas calles se sitúa en lo más alto de las letras hispanas.”

Anna María Iglesia, El Asombrario (España)

“Estimulante, adictiva, divertida y constantemente sospechosa. Menos mal que aún quedan autores que confían plenamente en el lector.”

Verónica Nieto, Rumiar La Biblioteca (España)

“Sé que será una de las novelas del año. Lo sabemos muchos.”

José Miguel Giráldez, El Correo Gallego

“Literatura, política, arte, violencia y crimen. Uno percibe desde el principio que está ante una obra maestra. Una gran novela.”

Miguel Ángel Hernández Navarro, Preferiría no hacerlo (España)

“Intensidad y profundidad […] Una nueva forma de plantear las relaciones entre literatura y vida, entre realidad y ficción”.

Victoria Orella, Revista Vísperas (España)

“Una novela caleidoscópica y brillante, pródiga en hallazgos, que ofrece elementos ensayísticos de reflexión sobre lo que entendemos por creación literaria, así como todo aquello que nos atañe: el sentimiento de culpa, el peso de la memoria, las emboscadas del lenguaje, el empleo de la violencia (re)generacional reactiva como un ejercicio defensivo, la lucha contra los totalitarismos reconvertidos en imperativos económicos, el deseo adolescente de partir de uno mismo.”

Devaneos (España)

“Una novela sobre el pasado que repercute con fuerza inusitada sobre el presente.”

Mónica Maristain, Sinembargo (México)

“Un juego no realmente nuevo pero sí fascinante en el que se escuchan los ecos de [Jorge Luis] Borges y de [Juan Rodolfo] Wilcock, de [Raymond] Queneau y de [Georges] Perec, de [Max] Aub y sus bromas literarias, así como de [Roberto] Bolaño, [César] Aira y otros.”

Francesca Lazzarato, pagina 99 (Italia)

“Un recorrido por los meandros de tres destinos anudados de manera frágil por las utopías, el error y la muerte.”

Verónica Meo Laos, El Imparcial (España)

 

No derrames tus lágrimas por nadie que viva en estas calles es una novela de Ideas (con mayúscula) que se refiere a la política (con minúscula) porque está construida a partir de la ambición de responder a las preguntas de para qué sirve la literatura y por qué es preciso escribir cuando el mundo se cae a pedazos.”

Michelle Roche, Colofón: Revista Literaria (España/Venezuela)

“En esa tensión entre la narración clásica y el experimento de vanguardia, entre la literatura y la vida del artista como obra de arte, se gestan las preguntas de esta novela: ‘¿Qué credibilidad le otorgamos a una literatura que produce declaraciones sobre su derrumbe desde hace al menos doscientos años? ¿Cómo podría esa literatura anunciar su final de otra forma que no fuese creando textos que demoran, alejan o niegan ese final? ¿Qué nuevos modos de pensar la literatura surgirían del axioma: La literatura es todo eso que sucede un instante antes del final de la literatura, de su agotamiento y de su desaparición’?”

Martín Lojo, La Nación (Argentina)

“La novela del siglo XXI, parece decir este libro, no es sólo remix, desvío o ars combinatoria, sino una constelación de ambiciones insensatas que prosperan en el desarraigo, una suma de intersticios fértiles según la teoría warburguiana de la discontinuidad que alguien pone en boca de un personaje suyo de otro relato, el profesor Hans Jürgen Hollenbach: el arte no crea ni imita sino que existe como una fuerza en el seno de la Historia, que le da forma y sentido. La literatura, lección última de Borrello, es la transformación del autor en obra.”

Graciela Speranza, Télam (Argentina)

“Exquisitamente atrapante.”

Nicolás Munilla, MDZ (Argentina)

“Pron construye, con mucha inteligencia, una gran farsa, y se inscribe, desde el tono documental, en la tradición de las vidas imaginarias.”

Gonzalo León, Perfil (Argentina)

“La novela de Pron indaga en las repercusiones de los estallidos, sean políticos, estéticos o una mezcla de ambos, como si se propusiera denunciar que el modo en que algo termina es tanto o más importante que el modo en que empieza.”

Manuel Crespo, Otra Parte (Argentina)

“Una novela soberbia, madura y compleja. Una obra que se va a perpetuar como uno de los mejores libros de su tiempo y de su autor. Patricio Pron sigue las huellas de Bolaño sin quedarse atrás, dialogando de tú a tú con el último gran mito de la literatura hispanoamericana, y pasa a compartir espacio con los maestros de la literatura hispanoamericana.”

Fondo de Lectura (España)

“Potente humanidad y una historia intensa y a ratos compleja para una obra que brilla con luz propia.”

Daniel Carrillo, Austral (Valdivia, Chile)

“Uno de los acontecimientos literarios más importantes del año.”

Culturamas (España)

“Escapando al lugar común, Pron reconstruye y complejiza el discurso de lo abyecto e intenta atravesar la distancia insalvable que nos separa de aquello que más repudiamos.”

Julián Echandi, Mundo Con Libros (Argentina)

 

 

Alguna páginas

Antes de abrir los ojos nota el dolor; sabe que tiene que escapar, pero está como embriagado por el dolor, que le recorre todo el cuerpo: tiene el costado derecho paralizado; no ignora que debe abrir los ojos y localizar la herida, practicarse una curación, de ser posible; pero la constatación del origen del dolor lo aterra, así que permanece quieto, con el rostro contra el suelo, que empieza a percibir húmedo, no sabe si debido a la humedad propia del terreno o a otra razón; tampoco sabe desde qué altura ha caído; sigue embriagándose del dolor, escuchando las últimas órdenes dadas en alemán y, en menor medida, lejanas ya, las órdenes en italiano; al abrir finalmente los ojos, sólo percibe oscuridad a su alrededor y se dice que tiene que haber perdido la conciencia sólo unos instantes; pero luego ve el cielo a través de las hojas de los arbustos y las ramas que ha arrastrado en su caída y que lo cubren parcialmente, y comprueba que ya ha empezado a amanecer.

Alguien desciende por una de las paredes del barranco en dirección a él; sus jadeos impacientes, los insultos musitados con cada paso dado en falso, que arrastra consigo polvo, rocas, restos de arbustos y de ramas, le hacen pensar que la tarea le resulta ingrata y dificultosa; los pasos se detienen varios metros por encima de su cabeza, y entonces oye un grito que no comprende en la boca del barranco y, más cercana aun, encima de su cabeza, otra voz, que responde: «Tot», y agrega en un susurro: «Bald». La primera palabra, el hombre lo sabe bien, significa «muerto»; la segunda, «pronto». Los pasos se alejan con dificultad barranco arriba; al volver a abrir los ojos, minutos o quizá horas después, el hombre descubre que ya ha amanecido y que está solo; después de batallar con la idea, embriagado como está por el dolor, que le parece el equivalente a un alcohol muy fuerte, que no ha probado hasta ese momento por su juventud y por cierta ignorancia, y tal vez sencillamente porque ha tenido suerte, vuelve los ojos sobre su cuerpo, que no se atreve todavía a mover: lo único que ve es su pierna derecha, torcida en una postura grotesca; la pernera del pantalón está manchada de sangre y desgarrada; a la altura de la tibia se asoma algo que parece, y es, un trozo de hueso: al verlo, vuelve a perder el conocimiento

Antes de abrir los ojos nota el dolor, pero ese dolor es ya parte de un relato y, por consiguiente, tiene sentido; a lo lejos escucha disparos, una sucesión breve que le hace comprender que los alemanes están fusilando a los partisanos que han capturado; le sorprende que lo hagan allí, en el bosque; lo habitual es que los fusilen en las plazas principales de las ciudades y los pueblos, para disuadir a la población y aterrorizarla; no escucha gritos, pero sí un rebuzno, relativamente cercano con relación a los disparos; quizá sea La Petacci, una de las mulas que el grupo utilizaba para el transporte de las armas y de los suministros, que disfruta, por fin, de la libertad que debe de haber añorado siempre, en especial durante las marchas forzadas a través de las montañas y en el bosque: si pudiese atraerla sin llamar la atención de los alemanes que todavía permanecen en la zona podría hacerse cargar por ella; pero a continuación tendría que pensar adónde ir, y no puede hacerlo; al abrir los ojos, antes incluso de volver a observar la pierna partida, escoge entre las ramas a su alrededor las más apropiadas para entablillarse y fabricar algo parecido a una muleta si no encuentra el fusil; para hacerlo le es de utilidad un conocimiento previo a la guerra y a su ingreso a lo que, como sabe bien, los fascistas llaman «la delincuencia insurgente»: antes de todo ello, y después, aunque esto no lo sabe todavía, ni siquiera lo imagina, es, y será, un carpintero.

Al ponerse de pie, el dolor le resulta insoportable, y vuelve a echarse, como vio una vez que hacía un potrillo que acababa de nacer.

Acepta el hecho de que no va a poder escalar las paredes del barranco; en las últimas horas la pierna derecha se le ha hinchado pese al torniquete y, aunque ya no sangra, le es imposible apoyarse en ella: el dolor es tan intenso que le induce algo parecido a visiones, ramalazos de situaciones y de conversaciones previas a la guerra, y también a su guerra personal, a lo que él ha visto de ella, un año en total, no mucho pero tampoco algo que se pueda desestimar fácilmente, que le hacen creer por un momento que se encuentra en otro lugar y en otro momento. Quizá ha comenzado a tener fiebre, pero la decisión que toma no carece de sentido, o no es producto de ella: seguirá el barranco. No puede anticipar adónde lo llevará, excepto, de forma general, que lo hará hacia abajo, en dirección al valle: allí hay médicos y hospitales, pero también se encuentran las autoridades alemanas y sus aliados italianos, y él sólo espera caer en las manos de los primeros o en las de los segundos. En los momentos de lucidez sus preferencias le parecen obvias; en los otros, el deseo de estar en otro sitio es todo lo que necesita para continuar, por momentos arrastrándose y de a ratos, cada vez menos a medida que transcurren las horas, de pie, apoyado en su pie izquierdo, utilizando el fusil como muleta.

A veces se despierta a sí mismo cuando, creyendo responder a una pregunta que se le ha formulado, musita una respuesta a un interlocutor inexistente.

Al mediodía se echa debajo de un manzano que crece en el cauce seco de un río; quién puede haberlos traicionado, se pregunta, cómo los han hallado los alemanes, en esas montañas intrincadas en las que ellos mismos, que las conocen como pocos, se pierden en ocasiones; quién puede haberlos traicionado precisamente cuando creían que habían eliminado al infiltrado y se habían desplazado a un sitio que éste no conocía, más arriba en las montañas; cómo ha comenzado todo para él, antes de saber que la traición y la muerte serían parte también de todo ello.

La primera acción consiste en asaltar un cuartel de los carabineros para apropiarse de armas y municiones antes de dirigirse a las montañas; lo hacen con una pequeña pistola que le han comprado a un judío que intentaba cruzar a Suiza con su familia en el otoño de 1943; todo ha sucedido tan rápidamente que no recuerda nada del incidente, excepto el miedo: el que se ha impreso en el rostro de los carabineros y el que ha sentido él, aunque este último hubiese sido mayor, hubiese carecido de todo freno y hubiese impedido por completo posiblemente que llevasen a cabo la acción de haber sabido que, como descubre más tarde, durante unas prácticas de tiro en un molino abandonado al pie de un arroyuelo, el torrente Pellice, la pistola tiene rota la palanca del fiador que debe transmitir la presión sobre el disparador al martillo, por lo que el arma no funciona, está estropeada.

Quizá siempre ha fallado, y ha circulado entre los miembros de la familia como una broma privada hasta que su carácter de broma se ha perdido y sólo ha quedado el de la entrega del objeto como expresión de buenos deseos por parte de quien lo ha dado y de la ilusión de poder proteger al otro; o la palanca del fiador se ha roto en virtud del uso, aunque parece evidente que el arma prácticamente no ha sido usada hasta ese momento; o el judío la ha inutilizado por precaución, para evitar ser asesinado o robado con el arma después de venderla; o la palanca se ha desenganchado de alguna otra forma: todo es posible, en ese y en otros casos.

Además del dolor, el problema más importante es la sed, que le pega la lengua al paladar, y el calor; y también los pájaros, que en esa parte del bosque son singularmente numerosos y emiten sonidos que a él le parecen de alerta o de condena.

Las risas de los partisanos durante las prácticas de tiro, las suyas propias, histéricas; desde entonces ha llevado el arma siempre consigo como una especie de amuleto, pero ya no la tiene: debe de haberla perdido en la caída por el barranco o en la huída previa, al escuchar los primeros gritos.

Recuerda las risas y las bromas y el arma que el responsable político de su brigada le puso en las manos a continuación, un fusil de la Primera Guerra que alguien se llevó consigo al desertar del Ejército; después tuvo una Beretta del calibre nueve y más tarde un Máuser, pero en la madrugada del asalto sólo pudo apropiarse de un fusil que alguien había abandonado en su huída.

Mastica unas raíces de genciana que ha visto emplear alguna vez a sus camaradas para bajar la fiebre; más tarde se lleva un puñado de arándanos a la boca, pero éstos no han madurado aún y su acidez es difícil de tolerar; calma su sed por unas horas, sin embargo.

A la población la ve primero; sus luces rebotan contra el techo de nubes que se ha formado sobre el valle durante el atardecer; podría tratarse de Borgosesia, de Quarona o Varallo, no lo sabe; a la casa la ve algo más tarde, a su derecha y más próxima que la ciudad: una construcción de ladrillos encalados, un cobertizo de madera próximo a ella, hierbajos invadiéndolo todo, también una parcela de tierra que ha pertenecido a un huerto; todo parece abandonado; da un paso en su dirección, y entonces siente que lo empujan o que resbala y vuelve a caer, sobre rocas y guijarros y polvo y ramas que no puede contar ni discernir unos de otros, hasta el pie del barranco; y allí, por fin, pierde una vez más el conocimiento.

 

Reseñas
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