Martín Rejtman/Madrid es una mierda

Prólogo

Prólogo / Nota del editor

Nada sucede «demasiado tarde» o «demasiado temprano» en literatura, el tipo de ámbito en el que —en la medida en que el lector avanza y retrocede en la historia literaria siguiendo sus instintos— existen tantas historias de la literatura como lectores; y sin embargo, es posible que la demora en introducir la obra de Martín Rejtman a los lectores españoles dificulte a estos percibir en toda su dimensión la conmoción que ésta produjo en sus comienzos. Rapado (1992), el primer libro de Rejtman, supuso para sus lectores la manifestación inicial de algo realmente nuevo y potente en el marco de una literatura, la argentina, que aún estaba presidida por sus grandes nombres de las décadas de 1960 y 1970 y por la necesidad de dar testimonio del profundo daño que la dictadura del período comprendido entre 1976 y 1983 había provocado en la sociedad. Al igual que otros libros importantes de esa época —principalmente Historia argentina de Rodrigo Fresán, publicado en 1991, pero también las «siluetas» de Luis Chitarroni, Lenta biografía de Sergio Chejfec y El divino convertible de Sergio Bizzio (ambos de 1990), La ingratitud de Matilde Sánchez, El agua electrizada de C. E. Feiling y El affair Skeffington de María Moreno, todos publicados en 1992—, Rapado constituyó para algunos no sólo la confirmación de la llegada de nuevos narradores a la literatura argentina, sino también —y esto es más importante— la incorporación de temas y de tonos que no eran habituales en ella antes de su aparición; a diferencia de Historia argentina, sin embargo, Rapado llegó a ella sin cuestionar la literatura del período anterior, con cierto laconismo que es una de sus características más destacables y el distanciamiento algo perturbador que conforma la literatura de su autor y, en particular, sus filmes: Rapado (1991), Silvia Prieto (1998), Los guantes mágicos (2003), Entrenamiento elemental para actores (2009), Dos disparos (2014).

Acerca de la literatura argentina contemporánea se sabe bastante en España; pero «bastante» no es «todo» y ni siquiera es «suficiente»: de hecho, sobre todo, no es suficiente. Martín Rejtman es en este país, por ejemplo —y a excepción de la publicación de Velcro y yo por parte de Lengua de Trapo en 1996—, un escritor inédito, y esto pese al prestigio del que disfruta en Argentina y al gran interés que allí producen sus libros y sus filmes, a los que  —singularmente, si se consideran las relaciones siempre complejas que los progenitores de la obra de Rejtman tienen con sus criaturas— se atribuye la paternidad del así denominado «Nuevo Cine Argentino». Qué determina que la obra de un escritor sea leída fuera de su país de origen a menudo está más relacionado con cierto porcentaje de azar y/o de fortuna; pero, en cuanto una industria editorial como la española presume de estar en condiciones de poner a disposición de sus lectores la mejor literatura producida en el ámbito hispanohablante, lo que el escaso conocimiento de la obra de Rejtman en este país pone de manifiesto es algo que resulta evidente si se admite que saber «bastante» sobre una literatura nacional no es saber «suficiente»: que los mecanismos de selección y promoción en España de lo que se cree relevante y representativo de la literatura argentina contemporánea no están funcionando, y no lo están haciendo, posiblemente, desde hace mucho tiempo.

Los personajes de Rejtman son, en algún sentido, puro presente: viven en un tiempo sin tiempo que es el de la narración, pero también en el de la juventud y, a veces, en el del amor y la felicidad. Vista desde una perspectiva actual, su literatura recorta singularmente toda una zona de prácticas que ya no tienen lugar, que han sido abandonadas, como llamar desde teléfonos públicos, hacer fotocopias, ver televisión —y grabar los programas en vídeo para verlos más tarde—, ir a los juegos recreativos, ver pornografía en salas de cine, escuchar casetes, fumar en los bares; el tiempo le ha dado a la literatura de Rejtman un cierto aire de antropología urbana que posiblemente tuviera desde el principio y que se pone de manifiesto, también, en la  caracterización de los personajes, que en ella está asociada, por lo general, a las marcas comerciales de los productos que consumen y a los barrios de la ciudad de Buenos Aires donde viven. (Y es un aire que a sus primeros lectores se nos pasó por alto, impedidos como estábamos por entonces de concebir siquiera la posibilidad de que el mundo en el que vivíamos con cierta indiferencia pudiera desaparecer y/o fuera a hacerlo tan velozmente.) A su vez, sin embargo, esa obra es profundamente contemporánea, y lo es por el muy particular tipo de humor que se manifiesta en ella y por el hecho de que sus temas —la soledad, el aburrimiento, la deriva, la expectación, la imposibilidad de «fijar» el sentido de la experiencia, la provisionalidad de las identidades, el funcionamiento a menudo delirante de las familias, la economía de la restitución que preside nuestra relación con los objetos— son constitutivos de la vida actual y de buena parte de las conversaciones que tenemos sobre ella. Como observó el escritor argentino Juan José Becerra, «para Rejtman, una historia no sólo puede no terminar; también puede no empezar»: en el magnetismo que tiene lo que no comienza, y por consiguiente no termina, está uno de los grandes atractivos de su obra y la singularísima forma en que ésta apela a la experiencia contemporánea.

Los cuentos de Rejtman son desconcertantes, hilarantes de a ratos, conmovedores, de una gran economía; pero, por sobre todas las cosas, son engañosos: nos parece que, en el marco del régimen extremadamente visual de la obra del autor, en la que todo es descripto o parece serlo, estamos incapacitados técnicamente para acceder a los pensamientos de los personajes; pero el hecho es que esos pensamientos sí son presentados en ocasiones. En ese sentido, no es que ellos nos resulten inaccesibles a nosotros, sino que también lo son para los personajes, y esa desconexión consigo mismos es la pequeña pero importante cuota de dramatismo de su narrativa. Como los «tres puntos rojos» que el narrador se hace afeitándose, su literatura puede parecer el producto de una situación banal; y sin embargo, pocas obras de la literatura argentina contemporánea son tan penetrantes como la de Martín Rejtman, de la que se presenta aquí una selección de relatos provenientes de los libros Rapado, Velcro y yo (1996), Literatura y otros cuentos (2005) y Tres cuentos (2012). Que ésta constituya la primera noticia que el lector español tenga de su autor en los últimos veinte años podría parecer una desgracia, y en algún sentido lo es; la buena noticia es que todavía estamos a tiempo de ponerle remedio, al menos parcialmente.

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